18.4.17

doble siempre a su derecha

yo 
<<qué es lo que dentro del laberinto escondo de mi mismo. cuál es el miedo que me impide encontrarme de lleno, de frente, con qué tipo de juego me engaño para mantenerme girando constantemente en las esquinas equivocadas, hacia las direcciones conocidas. pienso en el doblepiensa de aquella distopía lejana, y reconozco el sentido macabro de su existencia, la terrible conciencia que comporta. el laberinto jamás cambiará de forma, no pretendo encontrar un pasillo que del que no sepa ya, porqué sé que en el fondo esto no es más que un caos ordenado y que por tanto es imposible que me pierda en él, solo puedo perderme en mi propia mentira y creerme que necesito una salida, para poder así perpetuar una desesperación transversal que atraviesa cada parte de la materia y del alma. sé que no es cuestión de llegar, físicamente, a ninguna parte, sé que es cuestión de aceptación, de abandono a este instinto sobrehumano, inarticulable a través de ninguna estructura lógica, a través del cual llegaré a algún tipo de destino (que podría ser la muerte). que este laberinto es una articulación de algo que me habita, y que a su vez podría significar perderme en una infinita sucesión de reflejos y enlaces inacabables y llegar a un tipo de locura en la que solo estaría yo, porque la respuesta no puede verse, entenderse o encontrarse desde otra parte que no sea el adentro, y la desesperación es el saberse solo dentro de la propia psicosis. es el pavor a una revelación, pues la consecuencia, sea cual sea, es en sí misma suficiente. ¿quién seré cuando abandone la idea de quién soy? ¿en qué se convertirá aquello que me rodea cuando deje de entenderlo de esta forma? ¿qué es lo que existe y en que ansia me dejará abandonada?
ya se sabe, quien entra en un laberinto ya no vuelve a salir jamás, en el fondo debe ser así y en el fondo sabemos que es así. ¿podrás reconocerte en aquello que camine despreocupado fuera de esta casa ancestral?
uno no puede perderse cuando siquiera se ha encontrado.>>

Cuando acabó de leerlo, empezó a preguntarse si acaso no había sido ella misma la que se había escrito aquello. Y de repente se dio cuenta que aquella hoja era la página veintitrés de un libro que no existía.

Aquel día el cielo era demasiado azul.