28.5.12

había olvidado lo que era respirar

yo 
A veces siento que el tiempo se difumina, que se emborrona hasta detenerse y quedarse suspendido en una deliciosa utopía. Siento los segundos correr por mis retinas, abiertas de par en par incluso con el intenso sol iluminándolas. La luz brillante del astro hace crepitar las puntas de los abetos, como si fueran a estallar en llamas. Los árboles de más allá se contagian de esta luz, se mecen con mimo, erguidos e impasibles. Escucho vagamente ‘Here comes the sun’ que actúa de lejano murmullo, un telón de fondo que se oye por debajo de los traviesos pájaros y del rugido lejano y feroz del mar. Cierro los ojos casi anestesiada por estos placenteros sonidos, que ya han conseguido poner de punta el vello de mis brazos y relajar todos mis músculos. Me inunda el alma, la calma me llana entera, ya no siento los cláxones ni me preocupo por los horarios, no he de escuchar la ciudad gris agitarse sin parar quieta un solo segundo. Cierro los ojos, pues, y oigo mi propio latido, como si llevara siglos sin darme cuenta que tengo corazón, que la sangre palpita furiosa por mis venas. Ahora ya no hay mundo allí fuera, esa otra realidad molesta un mundo cruel y rudo, plagado de injusticias, de obscenidades y mentes incomprensiblemente cerradas. Ahora mi alma gira sobre si misma, haciendo que sea ese horrible mundo el que gire entorno mío y no al revés. Soy sol, mar, soy oxígeno, letras, estrellas soy lluvia y rollos antiguos de película, soy el polvo de los vinilos, el aire agitándose contra la roca…
Lo soy todo.

1 comentario:

  1. Precioso, ojalá pudiera yo evadirme como lo has hecho tú con este texto porque ultimamente siento como si estuviera perdida en el más absoluto caos.
    Por cierto qué bien que hayas puesto lo de los comentarios porque te sigo desde hace poquito y no había podido decirte nada sobre tus otras entradas: también preciosas.
    Espero con ansia el siguiente :) Besos

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