23.8.12

la debilidad

yo 

El pánico, el pánico aparece de repente, congelándome las ganas. Yo, soldado imbatible, yo, guerrera victoriosa de cien batallas sangrantes, yo, dura roca en medio de el oleaje rabioso, yo, mujer de ojos de fuego, de pasos de hierro. Siento el pánico, pánico por todas partes, pánico precipitándose, helado, rabioso, chirriante.

La agonía, una especie de chillido, todo el miedo que creía que no sentía, todo él, todo, gritando con una única voz estridente. Y me siento desprotegida, siento que todo es afilado, que el aire entra a trompicones por la garganta, abriéndose paso brutalmente. Y me ahogo un momento, es solo un latido desfasado, pero eso es demasiado para mí. Todos los sentimientos reprimidos escapan, y las venas no lo soportan, y todo fluye demasiado rápido. Me muevo, pierdo la mirada, me recompongo. Todo en segundos, pestañeos nerviosos, calor de verano. Y me recompongo, olvido la inocencia y la debilidad, la que amenazaba por doblar las rodillas, olvido el dolor y siento llamear de nuevo mi fuerza, mi alma indestructible vuelve a tomar el control y el pánico se esfuma, casi como si fuera aire.

Y entonces te miro de nuevo, breve preludio de un futuro de más pánico, te miro de nuevo y sonríes. Y ya no siento el pánico, ya no.

(Aunque el dolor y su sombra alargada sigan con las luces encendidas, vaticinando más miedo y más preguntas)

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