19.8.12

morning shadows

yo 
Abro los ojos y lo primero que siento es ese conocido dolor en la espalda, amenazando con apoderarse de todo el cuerpo. Siento esa atmósfera gélida en la piel que, al despertarse junto con el resto de mi cuerpo, se levanta en punta como si hasta entonces no hubiera notado el frío. Pelo enmarañado en la almohada vieja, deshecha. Sudor frío en la nuca. Luz tenue entrando sin fuerza por la ventana. Ningún ruido de mañana, ninguna sensación de alivio o de comienzo. Me asalta una oscuridad liviana, como si no se atreviera a golpearme de golpe con toda su fuerza tenebrosa en este primer momento de lucidez. Se queda pues, en una vaga sensación de abandono. Despertar, símbolo de que lo que hay entre ambos pulmones sigue latiendo, símbolo inequívoco, también, de que el tiempo existe y jamás se detiene.
Abro los ojos, los abro deseando despertar en una utopía, una lejana, la más imposible de todas. Porque odio, odio despertar, sentir el cerebro trabajar, notar mis pensamientos, recuperar la consciencia de mis decisiones y mis razonamientos, desearía poder despertar y que no existiera la realidad, la única que me hace necesitar entenderlo todo. Por ella pienso, por ella necesito entender.
Pies descalzos rozando el suelo, también frío (parece que la muerte se ha paseado por la habitación) pies descalzos y ojos cansados, picor en el cuero cabelludo (y el dolor en la espalda, no olvidemos el dolor en la espalda que trepa por la columna) Me levanto, y la sensación de abandono se torna en falsa alegría al no sentir ni ver a nadie desde el marco de mi puerta ¿Se habrán ido todos? ¿Habrá sido mi vida una estúpida broma y al fin me abraza aquello que yo creía utopía? Pero no, no, la esperanza se pierde tras unos segundos en suspenso, cuando se oye el agua del lavabo girar en círculos obedeciendo a la cadena del váter. Todo se desmorona de nuevo. Ojos hostiles, sensación de no ser nada, la imposibilidad de la huida, la imposibilidad de ninguna huida jamás. La terrible claridad de la muerte, como única solución real al dolor creado del vivir.
No puedo hacer nada, triste y simple realidad. No puedo sublevarme, es imposible ayudar al cambio, jamás conseguiré esa felicidad real y tranquila que algunos creen poseer.
Y, en vez de llorar, correr, desesperarse, en vez de dejar ir el grito que araña la garganta… en vez de hacer alguna de esas cosas que mostrarían mi frustración ante mi situación… camino a la cocina a hacerme un café.
(y el frío me sigue bien cerca)

1 comentario:

  1. Cada vez me gusta más y más lo que escribes. (del frío te puedes acostumbrar, y así no duele. hay veces que hasta reconforta)

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