28.9.12

tiempo al tiempo

yo 
Esclava del tiempo, me dejo llevar por su pausada marcha. Nada me detiene, crece el vacío. Ya no sé de tenerlo. El pasado se ha derrumbado, pocos minutos antes fiel compañero, ahora castillo en ruinas, sus rocas agrietadas dejando que el viento silbe entre sus ranuras. ¿Dónde esconderse? ¿Cómo encontrar un lugar en el que poder dejar morir la consciencia? Refugios fugaces de letras, inexistencia, escurridizo paseo por el tiempo muerto. Me acechan los fantasmas, jamás logro recordar sus rostros. Y el invierno se acerca, uno helado, temerario, invierno contra invierno, frío contra frío, el alma se despierta cuando el invierno se acerca, reconociendo a un viejo amigo. ¿Qué voy a hacer ahora, que hacer más que dejar que la melancolía se cuele por la boca, envenenado en una respiración el ánimo? Recuerdos que ya no acuden a auxiliar la tristeza, se han quedado sin fuerza, mi hastío los debilita. ¿Qué he sido yo antes que esto? ¿Quién me ha querido, quien me ha besado, cuantas promesas vacías he sido capaz de soportar? La mente se queda muda, incapaz de articular. El cansancio, el cansancio la ha dormido. Así que yo ando entre la gente, botas nuevas, ojos pintados, ando entre la gente y nadie lo advierte, nadie sabe que la mente está dormida, que ya no sé querer, que no puedo ayudarme a mí misma a salir de esta espiral borrosa, que me arrasa entera. El alma se consolida definidamente, ella, que siempre había sido aire, que había rasurado las crestas de las olas hasta que estas morían contra la piedra. Ella, que escapaba, que estallaba a veces entre resplandores fluorescentes, ahora se ve a si misma paralizada, estancada. ¿Cómo podrá volar ahora con todo el peso que acarrea en sus frágiles alas?


¿Dónde voy a esconderme ahora que estoy herida de muerte por la realidad y se me ha acabado el hilo para cerrar las heridas?

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