13.10.12

fragmentos de carreteras vacías.

yo 

Últimamente las luces languidecen mucho alrededor, consumiéndose paulatinamente como llamas sin fuerza. Nunca llegan a apagarse. He aprendido, no sé como ni a qué, pero ahí está esa certeza, compacta como piedra, indestructible. La única cosa sólida donde descansar la cabeza enferma de inconsciencia. Es de noche, el cielo ha cerrado ya sus ojos al mundo, pero aquí abajo las cosas siguen haciendo ruido. Vida nocturna ¿puede existir? ¿Tiene cabida la luz en la muerte, el movimiento en la noche? Supongo que no, pero los humanos nunca hemos sido buenos en eso de dejar actuar al tranquilo pulso natural de las cosas. No sabemos rendirnos, no somos capaces de aceptar la impotencia frente a lo único seguro en la nimia existencia de toda persona. La muerte. Heme aquí, sentada incómodamente a merced de la luz artificiosa y banal de una común farola, en un lugar que debería liberar a los monstruos. Sorprendentemente el silencio parece haberlos dormido con su infinita quietud. Sentada aquí, donde debería estar tu recuerdo, tan solo estoy yo. En paz. Hace días que no sé estar, que no puedo… seguir. No sé con que. No consigo llorar, no consigo invocar a las lágrimas que sé que sabrían como ser bálsamo, como acallar los rumores que se levantan por la noche, entre las oscuras hojas de este invierno perpetuo del alma.  Como siempre, he esperado, de veras que lo he hecho, he esperado la salvación. Como ha sido siempre la salvación no ha llegado de mano de nadie. Como ha sido siempre, he de labrar mi propia salvación.

El problema es que siempre olvido cómo hacerlo.

1 comentario:

  1. Mi problema es que siempre me dejas sin palabras y nunca sé qué comentar.
    Tú y tus textos sois geniales *-*

    ResponderEliminar