12.11.12

no future, no past.

yo 
Criatura que camina con una suerte de desden en la mirada, desprende su marcha una rebeldía algo juvenil y fallida, son sus pasos seguros y a la vez dulces, traicionando su imagen despreocupada. Ojos grandes, rasgos algo aniñados, pómulos carnosos y risueños. Mirada fugitiva, ausente cuando se topa con la de otro extraño, como si viviera es su subrealidad semicompartida con el mundo mortal. Pero para todo lo demás su mirada se resuelve atenta y ágil, alzándola en medio de la gente, más alla de los edificios, al cielo, como disfrutando de un rayo vespertino de sol o de algún zozobrar furtivo de los árboles. Algunos ojos la miran extrañados; ella parece haber dejado atrás la vergüenza hace tiempo. A veces, como advirtiendo su dureza en el rostro, relaja los rasgos y aparece algo de ternura, relajada la piel, levantada la comisura triste de los labios.

Parece estar siempre pensando, los ojos quietos y melancólicos, se le cae la mirada, no acierta a resolver alguna de sus tribulaciones y se muerde el labio inferior superficialmente. Su belleza no es canónica ni estereotipada, las curvas dominan la línea y, aunque no es flaca, si no más bien algo regordeta, no parece feo, más bien algo armónico. Su figura no se ve deformada por el peso, no se abulta su estómago, su cuerpo es bonito, todo está equilibrado a su manera. Su cabello es largo y ondulado, a veces desordenado, algo caótico, mantiene una forma redondeada que le cae a los lados y suaviza su expresión, dándole forma a su melancolía. No es su forma la que atrae, es más bien una fuerza, un aura que parece envolverla, pertenecerla. Sus gestos, sus risas, algo en sus palabras hacen que quieras zambullirte en algo profundo y misterioso. Sus ojos la traicionan y ella lo sabe, por eso evita encontrarse con otros cuando la niebla la inunda y no es capaz de fingir,  no es capaz de proyectar algo que no es, que no siente. Sabe cuando la miran a hurtadillas, lo siente, siempre la han mirado por unas u otras razones, así que es consciente cuando otra persona la escruta o simplemente la curiosea.

Para alguien con un poco de inteligencia y alma, su naturaleza se rebela como una suerte de huracán. Su letra denota un caos interno, que ella logra ordenar de forma casi heroica. Sin ser racional sabe lo que se hace, por sus palabras se intuye que le gustaría no tener que pensar tanto, no tener que considerar las consecuencias de sus actos. Su esencia es pura, por sus ojos tristes se sobreentiende que una vez se dejó dominar por esa furia, esa vorágine, esa pasión, ese descontrol, ese romanticismo antiguo y dramático. No le gustó el resulto, y ahora tiene más cuidado. Pero no lo ha abandonado, por tanto no lo ha eliminado, simplemente ha sabido canalizarlo. Aunque la desborde a veces. Tiene una guerra en su cabeza. En invierno la he visto abrazar con los ojos las cercanas palabras de sus libros, que maneja con una suavidad rayana en lo maternal. Lo hace más por amor que por intelectualidad.  No es pretenciosa.

Al tratarla no se anda con rodeos, no le importa ir al grano y ser sincera. Una vez le oí decir que es más fácil: si quieres mentir hazlo bien, si no di la verdad. Aunque parece haber sufrido, no utiliza su mordacidad para herir queriendo a alguien, si no parece que utiliza el sarcasmo para jugar, para amenizar el trato y provocar la sonrisa. Si no la has tratado antes, puede resultar fría y distante, más por su carácter independiente que por una tendencia real a querer estar sola. Cuando quiere, quiere de verdad, por eso se resiste a querer. Jamás he visto negarle a alguien consuelo, creo que la han escuchado muy poco y mal, y evita dañar a otros dejándolos en pos del desconsuelo y la apatía propia de los que no conocen respuestas.

Yo jamás había visto aquella extraña dualidad, aquella ferocidad, aquella llamarada en la mirada que se tornaba en ternura y comprensión, casi en culpa por no haber advertido el dolor ajeno. Creo que a veces la amargura le puede, sabe que ha de desconfiar y no puede dejar de ser egoísta. No se entiende, está confundida, no encuentra razones y entonces se abandona como si hubiera desistido de vivir. No juzga, parece estar más interesada en el consuelo del alma que en entender las razones y las causas. Aunque le cuesta aceptar las críticas a veces (más por miedo a haber estado siempre equivocada que por ego) le gusta recibirlas para poder limar su pensamiento.

Criatura, pues, extraña y solitaria, con oxígeno propio y misterios. Árbol en medio del humo. Lágrima que alivia la presión del sufrimiento.

No pude creerla cuando dijo que nadie la había amado.

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