8.1.13

Vacuidad

yo 

Aún recuerdo aquella breve luz que incendiaba la pupila, una luz viva que se abrazaba al ojo, aferrándolo con una necesidad infantil, dulce. Brillaba entonces la mirada, templo limpio, cama hecha, liviano reflejo en el mar callado. Cuánto echaba de menos aquellas cosas, tan sencillas, tan blancas, tan suavemente delicadas. Siento que mi alma se encoge molesta, harta de vivir conmigo, la siento esconderse, siento como silba su angustia dentro mío, como se estremece con la realidad a la que se ve sometida.

Necesita que alguien la ame, necesita esa luz incendiaria en mis pupilas. Yo no sé como conseguir eso, no sé complacerla, jamás he sabido qué es ser amada. Impotencia, entera como una roca maciza, toda ella de nuevo, todo su peso (se me escapa el aire) todo su peso encima, alrededor, por todas partes.

Y entonces veo el templo en llamas, los ojos vacíos (cuencas negruzcas) veo el mar revuelto y la cama deshecha (infectada de ausencia). Me refugio en la negrura de un cielo opaco, en la artificialidad de la luz anaranjada de una farola, del resplandor hipnótico de los coches, pequeñas luciérnagas de asfalto. Humo profanando el cuerpo, vacuidad latiendo en las venas.

Y aún encuentro fuerzas
(desconocido su origen)
Para mirar a las estrellas
Y encontrar, tras la oscuridad
Algo puro
(y muerto)

2 comentarios:

  1. Vaya, me he quedado bastante flipada con esta entrada. No sé que decir, realmente, así me he quedado -> O^O

    nutella
    caliente con
    nata

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  2. Buenísimo el último párrafo, la conclusión, buenísima.
    Muy bonito blog, por cierto.

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