23.2.13

On the road

yo 
Una carretera polvorienta extendiéndose en linea recta hasta el fin del mundo, recorriendo pueblos de cartón, selvas viciadas de insectos, selvas de místicas apariciones, de negra nocturnidad... Y todas esas sombras en la noche, mirando por las ventanas de casas grises, observando a aquellos locos avanzar sin vacilación, con un destino incierto incrustado en el alma agitada, deslizándose hacia un devenir tumultuoso, casi imprevisible. Atravesando ciudades con grandes chimeneas, ciudades brillantes, o ciudades llorando vagabundos y ojos tristes y grandes, ciudades perdidas con ferrocarriles atravesando dormidos las vías yermas, ciudades repletas de música mística, de noches efervescentes, de locura histriónica, de negros sudorosos tocando su jazz descontrolado. La utopía convertida en libro, aquel deseo de huir, de siempre avanzar, sin importar uno mismo, sin importar todo aquello que se es o se será, sin tener en cuenta nada, absolutamente nada. La expresión de una libertad pura, una sucia y elemental, que en ocasiones se confunde con el auge de una locura rayana en lo imposible. La rotura con cualquier cosa con sentido. Y todas las historias, los nombres, quedan reminiscencias leves de las experiencias vividas, quedan aquellas sensaciones centelleantes en los pechos rotos por la vida normal, y el Este, frío, el Este como el hogar real, un hogar odiado al que se vuelve sucio y melancólico. Un hogar inevitable, un hogar merecido.

Todo eso, todo eso es 'On the road'




3 comentarios:

  1. Me estás haciendo querer la historia todavía más, y eso que todavía no la he conseguido por ningún medio.

    Al final dará igual que me guste o no, el simple hecho de que haya inspirado esto ya es jodidamente precioso.
    Como añoro yo este tipo de libertad.

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  2. Qué repentinas ganas de caminar siguiendo el rumbo de unas viejas vías ferroviarias,
    abandonadas al azar del óxido.
    (Bueno, ya, Sab.)
    Vayas ganas de meterme en "On The Road".
    Espera pasarse más veces por este rincón tan genialoso,
    S.

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  3. La verdadera pregunta que yo me hago es, si un libro que habla sobre la carretera te hace sentir eso, ¿qué no hará la carretera real sobre tus sentidos? Te destroza.
    Yo ya lo digo, hay que tener ovarios para echarse a la carretera. Las historias de este tipo no basta con leerlas sentada, hay que leerlas con el ruido de un motor de fondo, sino no sirve de nada. El olor a gasolina tiene que entrarte por la nariz, no por los ojos.

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