13.6.13

Éxtasis

yo 


Tras acabar algunos libros, reflexiono, y me nacen ideas de novela de mi inestable cabeza de trastornada. Me refiero a que me pienso a mí misma de otra forma, como más poética, más de profundis. Como si estuviera escrita en un papel. Y algo así me sucedió. La agradable tarde de verano aún duraba, el sol, que se resistía a marchar, aún cubría las calles con su sangre anaranjada, aún sus rayos no atravesaban la piel haciendo hervir la sangre. Aún se podía respirar el aire. El verano aún nacía, no había porque preocuparse.
Me hallaba, pues, sentada cerca de la carretera, esperando. Esperar cuando la brisa es amable y el libro que has acabado bueno, no es tan fatigoso. Así que esperaba. Simplemente. Miraba la amplia carretera, las luces de los coches pasaban raudas, dejando una estela de color difusa en las retinas. El sonido de aceleración, las ruedas machacando el arcén, las conversaciones de las personas que pasaban al lado mío, todo formaba el telón de fondo perfecto. A veces una borracha, con el pelo muy largo y la cara deformada en un rictus de decadencia, pasaba paseando y hablando sola. Era una más entre el gentío, me sentía libre de no ser. Y pensé, mirando el semáforo cambiar de color:

Es la compensación. Ahora lo entiendo. Es compensación ¿entienden? Tenía que ser así y no de otro forma. Tiene sentido. Absolutamente. Nos miramos a los ojos y lo supimos, compensación. Yo tenía que vivirlo todo, tenía que conocer cada recoveco oculto, cada asquerosa mancha de tristeza, tenía que sentir el aliento congelarse de melancolía. Las heridas, el desangrar, todo era necesario, y no solo para mí. Era necesario para él. Él no podría haber vuelto de entre los muertos, ya saben, no podría haberse caído al abismo y salir de él. No, él no. Yo sí. Por eso nos hemos conocido. Es compensación. Su alma está casi en blanco, solo hay miedo, confusión, quizás algo de frustración, algo de odio guardado. Y yo, con todo el dolor, he de enseñarle. Es como un ave. Pero no he de enseñarle a volar, no, eso no, jamás, volar ya volará si ha de hacerlo. Yo he de explicarle cómo será la caída ¿entienden? Volver o no, esa es la prueba: uno vuelve si ha de volver y se queda congelado en el abismo si tiene que quedarse. Yo no puedo salvarle. No está en mi poder. Cada uno es su propia salvación. Pero puedo advertirle, puedo explicarle que el abismo parece infinito, que su negrura es cegadora, que su oscuridad te colapsa los pulmones, que le inundará la sangre por dentro, que los huesos quebrarán todos de una vez al dar, por fin, con el suelo. Puedo enseñarle a devolverle la mirada al abismo ¿saben? Puede mirarlo y decirle ‘Pedazo de hijo de puta, te conozco, pero pienso subir, pienso liberarme de tu jodida trampa, y volver a salir ¡Me oyes! Saldré’ puede hacerlo si quiere. Si debe. Yo puedo decirle que dolerá, joder si dolerá, dolerá como si las venas se rompiera todas dentro, como si se quebrará el alma, como si explotará una jodida bomba y toda la metralla se incrustara en los órganos. Es así. La tumba está cuidadosamente cavada. Tú sales o no sales. 

Esta idea me resulto romántica, me refiero, es como una respuesta, es un ‘valió la pena’. Supongo que para alguien más estúpido sería la forma perfecta de cerrar el círculo, la justificación de todo el dolor sentido. Para mí no. Supongo que soy egoísta. Por si no lo han notado, no soy estúpida. El dolor no tiene justificación, uno sufre constantemente, tan solo porque es así. Igual que uno es capaz de reírse hasta ahogarse. No hay culpables. Solo vencedores. Yo vencí a mi miedo, escalé la puta pared, que atravesaba la piel con sus jodidas rocas puntiagudas, y he vuelto. Volví. Aquí estoy. Pero supongo que mi tristeza, la de ahora, puedo regalársela. Me refiero a que mi tristeza ahora no duele, la abres y desprende algo de melancolía, si la sujetas durante un rato incluso puede llegar a conmoverte. Pero no tiene espinas, no desgarra ni te hace sangrar. Es una tristeza amable, una tristeza lejana que se puede mirar sin que te llore el alma.
Esta idea me resulto romántica. El semáforo cambió a rojo y los coches se lanzaron como locos por la carretera. Y yo pensando estas cosas. Soy una puta pirada.
La compensación no justifica nada, ni mi dolor ni su inexperiencia. Pero es una idea bonita. Es, en cierta forma, una justicia poética.
No voy a evitar que caiga al abismo. No voy a tirarme con él de nuevo para ayudarle a salir. Puedes burlarle una vez, a la segunda ya no puedes volver. Es así. Pero, cuando su mano por fin se aferre al borde de la tierra que lo ha engullido, puedes dar por sentado que será mi mano la que finalmente lo arranque del abismo.
Dalo por seguro.

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