3.8.13

De cómo existen hombres capaces de salvar vidas

yo 
Siento que entre tus brazos puedo hallar una suerte de paz infinita, profunda y alegre. He deseado, lo confieso, quedarme abrazada a tu luz y morir en ese instante.  Es casi como abrazar a un ángel, siento que todos mis pecados quedan perdonados con la calidez y familiaridad de tu comprensión, que puedo seguir siendo esa buena persona que en el fondo siempre he sido.  He cometido muchos errores, he dejado caer mi ira incomprensible y confusa sobre muchas personas, pero siento que en tu presencia, todo esto me es perdonado. Que deja de tener importancia. Que la maldad no define al humano.

Es casi como una extremaunción liberadora; me hace sentir limpia, preparada, capaz. Tocada por un aura divina, esclarecedora.
Lo más maravilloso de todo es que no existe sufrimiento ante tal sentimiento. No me consume ninguna pasión amorosa, no me urge ninguna necesidad ni corporal ni emocional: no pretendo, no deseo, no busco, no reclamo, no envidio. Si no existe una necesidad no existe un sufrimiento. Disfruto, eso es todo, cierro los ojos y me entrego a la brillante sensación de paz que pareces emanar naturalmente. ¿Cómo podría yo pensar que existía en este mundo que yo he conocido más bien sucio, desgarrador y cruel, alguien como tú? ¿Un hombre íntegro, un hombre capaz de ser bondadoso, capaz de expresar su cariño de forma tan natural y limpia, sin que existan dudas de segundas intenciones?
Hoy me ha recorrido una especie de redención por la columna mientras estaba en trance escuchando melodías de piano; algunas tristes, otras melancólicas, algunas simplemente bellas. Y he sentido como algo se apoderaba de mí. Como si mi alma hubiera recibido una descarga de pura luz, una blanca, cegadora, intensamente aliviante, anestésica.
Me he sentido totalmente feliz.
Una felicidad independiente, absolutamente individual, que no se ensuciaba de nada humano, que no venía causada por ninguna acción, por ningún estímulo. Jamás pensé que existía ese tipo de redención. Me he descubierto al borde de las lágrimas. Me sentía emocionada. En medio de mi colchón, hundida en él, he creído que la libertad podía alcanzarse.
Y ahora me gusta pensarte de esta forma, como un ángel que ha tocado de alguna forma íntima algo que yo tenía muy dentro mío, que ha conseguido oxígeno para los pulmones inundados, que ha relajado los miembros que se habían visto siempre agarrotados por una profunda inseguridad, por ese miedo instintivo que acarreamos contra el rechazo, por ese estado de alerta al que se ha visto castigado un cerebro hiperactivo, al trato que ha recibido el alma desmajeada.
Has sido mi paréntesis.
Has abierto una brecha en el caos más absoluto y enmarañado que existe.
De la forma más sencilla y profunda… me has hecho feliz.


(gracias)

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