30.10.13

todo es una mentira.

yo 
Todo es una mentira, se descubre en el cansancio de escuchar tu propia voz, se descubre en la profundidad y la negrura de los pozos que se ensanchan bajo los ojos desgastados, en el retorno a la música anestesiante, que viola la consciencia, en las letras frente a la nariz, en las noches llegando antes, puede notarse en la resonancia del silencio en las paredes mentirosas. Todo es una mentira. Una estúpida y ridícula patraña. Una irrisoria obrita de teatro. Todo siempre ha sido mentira. Todo es sucio, banal, angustiantemente vacío. Todo está tan vacío que podría gritar y no haría eco siquiera. Cuánta falacia, cuánta distancia, como se consumen las almas al no hallar corazones dispuestos a llenarlas, a ensancharlas con la grandiosidad del momento, con la cercanía de las pieles y de las ideas palpitantes. Todo ha sido una mentira. Lo ha sido. Me lo digo para poder aceptarlo finalmente. No duele, de veras. Solo pesa como cientos de toneladas cayendo de una vez sobre la estructura ósea. Estruendo débil de huesos rompiendo. Todo, hasta ahora, Miriam, ha sido una mentira. Y lo pienso, y me convenzo. Ha sido verdad para mí, ha sido verdad porque yo quise. Pero recuerda que era mentira. Pero no se me debilita el pulso, no abandona unos segundos el alma la blanda carne, porque Miriam ya no existe. Miram ya sabe. Miriam ya no ama como antes. Ya no es como antes. No encontrarás a la Miriam que buscas aquí, forastero. Miriam. Iram. Mirim. Ariam. Palabras, conceptos, letras superponiéndose, recuerdos que se oscurecen prematuramente, como los pétalos de las rosas, otro día coloreados de un brillante y prometedor rojo sangre. No hay mejor forma de definir la existencia. Es un rosa, una rosa plagada de espinas, espinas que fingimos no ver, que nos clavamos en la piel porque se supone que hemos de hacerlo, espinas que traspasan y hieren, que se quedan dentro de uno, que se mueren también dentro dejando un rastro invisible. Balas orgánicas. No hay evidencias, señoría, declaramos a la ignorancia y la incomprensión ajenas inocentes. Y la sangre se desliza espesamente por los antebrazos blancos como el humo de las chimeneas, se desliza y parecen acariciar cruelmente. ¿Como puede acariciar algo que brota de una terrible división? No hay mejor forma de decirlo, no la hay. Un día no queda más que un triste tallo algo enverdecido: ya no hay nada que hiera, no hay cosa de la que desilusionarse, no existe razón que haga crecer la decepción hasta rozar el vómito, igualmente no quedan promesas, esperanzas para con los demás, no existe una pretensión, no existe un interés. La rotura es definitiva, asombrosamente indiferente. No surge nada del vacío, porque ese ha estado siempre presente. Los hombres me embrutecen las ganas. Los hombres son idiotas. En lo más profundo de su genética y de su esencia. 

Pero recordemos que (gracias a Zeus, a Dios, gracias, gracias) sigo quedando yo.
(y sigues quedando tú, géminis, incluida en mi propia existencia, ambas gritando una utopía. sustento, sonrisa. géminis quedas tú. no te mates. no existo. castor y polux estuvieron por siempre juntos en el cielo, ya que la tierra no les permitió tal lujo. brillando. didn't anyone ever tell you that it's okay to shine? buenas noches, géminis, no enloquezcas)

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