27.11.13

(.)

yo 
Siento frío todo el tiempo, una constante sensación de encogimiento, como si tuviera miedo, sensación de huida, de rezar por la oscuridad, por el tiempo de la inconsciencia. (De despreciar, de odiar, de desear muertes. Tan solo unos segundos. Después vuelve la ignorancia, el desapego). Echo de menos dormir y soñar. Tan solo eso, no importa con qué. Dormir y poder soñar. Me diluyo en todo este invierno, tan repentino y breve, me sucede a veces que dejo de ser. No sé gestualizar, ni hablar, no sé proyectarme hacia adelante ni pertenecerme. Me abandono a la insustancia, como si de repente toda mi alma se quedara en blanco. Nada me aflige, no sé expresarme, tampoco tengo fuerzas para hacerlo, olvido lo que he de hacer y escribir, olvido como es querer o preocuparse, me convierto en un témpano indiferente, afilado, colgando en lo profundo de alguna helada caverna, a punto de caer y desgarrar y atravesar. Chopin modula mi pena. En algunos momentos todo me resulta terriblemente irritable, extraño, ajeno. Últimamente no siento nada cerca. Me voy, me voy. Me voy constantemente. Pero sigo estando. Es algo extraño. Soy como un borrón de luz de un neón cuando conduces de noche a una velocidad suicida.  Brillo tan solo un momento. Y me apago. Tengo la consciencia firme de no haber sido nunca realmente. Siento que no sé hacer que lo de dentro se materialice hacia afuera. Es casi como si no existiera realmente. Una actuación, quizás. Un producto de lo exterior. Una consecuencia de una serie de imprevistos. No sé. El cabello últimamente me chispea, se me pega a la cara, mi nariz siempre está fría. Tengo la sensación de que todo el día arrastro en la cara una triste expresión de melancólica. Me siento sola en la cafetería abarrotada. El autobús cada día me abandona un poco antes. Parece que lo haga queriendo para que el frío se me coma. Leo en catalán y hablar en castellano me parece algo demasiado contundente. Rotundo. Real. Me refugio en la melodía de mi voz cuando leo para mi. Entonces sí es bonita.

Últimamente el tiempo no hace más que agotarse y todo sucede. O no sucede. Ya no importa este hecho. Chopin esteriliza mi realidad y lo convierte en una poesía viva. Cada coche, cada hoja y cada letrero. Todo contaminado de sutil tristeza. Me gustaría tener tiempo para oficiar todos estos entierros y poner tierra sobre las heridas. Poder desvincularme. Siento que mi pasado es de otro. Hasta eso ha dejado de pertenecerme.

Lo único que me insensibiliza de todo esto, son las películas en blanco y negro, aquella rectitud, aquel saber estar. Las sonrisas. Los humos abandonando a los veloces trenes. El blues de fondo en las escenas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario