4.11.13

stan-by

yo 
Estoy viviendo sin vivir. La vida se ondula, el tiempo transcurre porque está yendo hacia algún lugar. Es algo así como conducir por un camino plagado de vacíos, de bultos, de desvíos, de constantes carteles que te dicen 'estás un poco más, un poco más cerca'. La carretera incierta, te diriges hacia. La locura del que no llega. La rendición de la perpetua continuidad.

Las mañanas son la euforia, el 'sigo viva', el 'tengo sueños'. Por las mañanas el café es dulce, la luz amable, el frío no cristaliza, las cosas son posibles, están por ocurrir. El atardecer es la pérdida, el vacío de lo que no ha sucedido, vuelvo sangrienta, con las heridas de nuevo tirantes, son las ilusiones perdidas y las lágrimas conteniéndose tras el cristal de la retina. La vehemencia toma forma de huracán. Se reproduce la devastación El silencio de la noche acalla las tristezas, los inservibles pensamientos trágicos. Sófocles no es el narrador de ésta historia. No habrán Ifigenias que sacrificar. Troyas a las que llorar. Dioses a los lanzar alaridos. Rezo por la llegada de la inconsciencia, bálsamo necesario. Es irónico que uno de los momentos de mi existencia que se me hacen más felices es cuando, de hecho, ésta existencia se anula. Pero siempre amanece ¿no es cierto?

Las palabras no se escriben, los libros no se leen, la memoria no se llena, los paseos no se hacen, los planes no se cumplen. Porque traqueteas, los dientes chocan violentos, intentas estabilizarte, guardar cierto sentido común para poder mantener la roca de tu persona unida, para no desgajarte, deshacerte como pan blando en agua sucia, en estanques sin patos. Porque avanzar hacia algún lugar, no es transformarte, no consiste en mutar y convertirte. Avanzar es entender que es aquello que te mantiene quieto y tener el valor de dejarlo ir, tener sueños y adaptar tus propias ideas para poder aspirar cada vez un poco más a ellos, lanzar todo el lastre del pasado, romper toda la concepción que has ido formando de ti mismo para poder abarcar nuevos avances, para poder aspirar a más. Abandonar las excusas y los miedos. Sangrar por otras causas. Cruzar el siguiente horizonte. Buscar otra razón más digna por la que morir.

Tengo el alma en vilo, los sentimientos en suspenso y aún así cada día, como la kamikaze que soy, me lanzo a la vasta selva del azar, la humanidad y el cambio. Me lanzo porque el vértigo es mejor que la muerte. Porque me sigo recordando que vale la pena. Que valgo la pena. Que mis sueños valen la pena.

Porque siempre he preferido, como dijo un incomprendido una vez, que es mejor quemarse que apagarse lentamente.


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