24.2.14

rotura

yo 
Hasta que punto has resultado cristalizar como un símbolo en el alma. El símbolo eterno y completo de una inocencia impoluta, de una unión a la que no puede otorgarse nombre. 
Cualquiera que pueda recordarme a la persona que eres en el profundo poso del alma, violenta completamente mi percepción, abriéndose paso como un borde afilado para rajar de una vez el presente y colocarme, de forma burda, en algún punto indeterminado del purgatorio. Todo queda cegado por el pesado olor que solía tener tu piel, cegado por el vaho turbulento de tu respiración, que se proyecta en la ventana lluviosa de tu habitación. Las visiones se suceden, sangrantes. Irrealidad tras las retinas. Siempre lo dije, los fantasmas tienen una consistencia abrasadora. No existe un apego, no te extraño. Adoro el símbolo y en él me dejo morir. Echo de menos algo que no existe, algo que pude percibir e incluso palpar en el espeso espacio de nuestra mirada, pero que ahora ha dejado de vivir dentro de lo que eres. En este hecho radica toda la herida: da igual que sigas viviendo, lo que eras ha muerto. Mi recuerdo es una casa vacía. Mis lágrimas transparentes no dejan camino en las mejillas. Hincar las rodillas y mirar a los ojos vacíos, ciegos, de este símbolo. Es lo único que puedo hacer dentro de mi vulgar y quebradiza fragilidad. He llegado a ese punto irreparable del movimiento en el que nada parece poseer un sentido. En el que todo resulta mecánico, vacío, fútil... 
Aquí sentada, bendigo a quien sea que esté sentado tras de mí, que parece poseer tu olor en su aura. Siento constantemente que tan solo haría falta girarme para que el tiempo se colapsase, girarme y poderte encontrar con una sonrisa, tal como solías ser. Tal como yo solía ser. Tal como yo quería ser. Durante unos ínfimos segundos, la certeza es absoluta, compacta. Me siento como un acongojado Orfeo, temiendo, gestando un terrible placer doloroso en las entrañas, sabiendo que dentro de poco, en cualquier segundo suicida, me giraré de una vez y podré ver como el precioso símbolo desciende hasta lo profundo del infierno para no volver jamás.
Aspiro con fruición. Te retengo brevemente en los pulmones.
Los que sobrevivimos tenemos la obligación de vivir el resto de vida que quede. Últimamente me pregunto si vivir así no será otra forma de morir.

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