16.2.14

subconsciente alucinado

yo 
todo estaba cargado de un terrible peso. como si lo que allí ocurriera no concerniese a nada, y me resultara incómodo fingir que yo era una parte. una caravana. carreteras y ella sentada, excitada, con los ojos brillantes, gesticulando vivamente, feliz al fin al ver cumplido su sueño de huida. pero no yo. todo pesaba diciendo 'no, no, no' sentía, aún siendo un sueño, como la congelación hacia estragos con mi sonrisa. estaba allí el hermano de ojos azules, con el acento ampliamente amistoso, con los cabellos largos y la charla profusa. conducía prometiendo y hablando con ella, que daba saltitos y seguía gesticulando, como si la libertad fuera una droga estimulante que le hubieran inyectado a mansalva en las venas. yo era un caos, la mente me iba a cien mil por hora, como girando en un carrusel,  y apenas podía enfocar la mirada en ningún lugar. sentía una alarma, un pánico injustificado cada vez que observaba como la caravana seguía avanzando. quería tirarme en marcha, para hallar así algo de estático, un punto en el que poder estar quieta para procesar y decidir. en movimiento, uno tan solo puede dejarse llevar, sin siquiera tener tiempo a poder discernir si lo que está haciendo es lo que desea. él estaba al lado. era mayor que yo. no tenia un rostro que yo pudiera recordar. sentía que era el líder, una especie de figura. su felicidad era más sencilla, menos histriónica, como si fuera el eco de una felicidad pura pasada. supongo que uno, después de vivir tanto tiempo amplificadamente, no puede sentir tan intenso. hasta las sensaciones se desgastan. él me hablaba dulcemente, con un cariño más que educado que me hacía sentir extraña. no saber corresponder el deseo ajeno tiene ese tipo de efectos. me hablaba diciéndome todo lo feliz que sería, todas las cosas maravillosas que haríamos, cuan libres seríamos. pero no sonaba nada bien para mi. de repente me imaginé pensando en cosas banales,cosas sin importancia que me ataban dolorosamente, con un alambre de espino sangrante. pero estas cosas vacías para mí, no eran realmente lo que me ataban con esa violencia silenciosa. era una fuerte convicción de indecisión, una sensación de no haberse encontrado del todo. y esas sensación me impedía avanzar por senderos de otros. no podía compartir los sueños con su misma necesidad, porque no estaba segura de que eran también los mios. diluirse en el agua hace que la esencia de uno se pierda lentamente, y esta acaba posándose diminuta en el fondo del cristal.
entonces una estación, un intentar convencer, una sensación de pesadumbre y tristeza en un alma que me resultaba extraña, trenes con nombres. ver manar la sangre de tu propia utopía.
la derrota interna de abandonar porque aún no has encontrado una causa digna  por la que morir.

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