12.3.14

γίγνομαι

yo 
acarrea su peso, gigantesco se asimila ahora en su piel, como si fueran dos delgadas y afiladas manos ancladas en la sustancia, blanda como las hojas recién nacidas en el suelo verdoso, agujereando la carne. acarrea un cambio, una contraposición que la sacude dando bandazos de un lado y otro de su profunda mente. se rinde y decide continuar con el aliento acelerado varias veces en una sola vuelta de sol. las madrugadas son cortas, profundamente inconscientes. las estrellas insomnes hace tiempo que no la ven bajo sus puntas. dejó la primavera atrás, y en su corazón remitía el deseo de tenerla, pues el presagio triste siempre llegaba al alma, un poso amargo, continuo, que la hacia deshacer lo caminado. tan solo puede amarse algo de forma impoluta, cuando se ha odiado con todo lo que uno tiene de ser. qué decir de las oscuras lagunas bajo los orbes caramelo, qué decir sobre la flacidez de la cárcel, sobre el deseo incumplido del presente, sobre ungir las cicatrices rojas, las cicatrices parecidas a las zarpadas rabiosas del tigre. no encuentra el punto justo, el equilibrio en el giro, cae y abandona la rectitud de la pose, el foco se apaga, las extremidades se mantienen tensas. no sabe qué hacer con el tiempo que entre las yemas discurre, como arenilla, precipitándose como es en él normal, precipitándose hacia lo que ya no vuelve. quiere preguntarse, ver, caminar, ya nada le ahoga, los moratones sanaron, no es una lucha rabiosa, no se le aparece la luz del faro como el flash de una cámara, no se ancla, no sueña de más. algo se gesta. algo se esdeviene. siente que los tacones de aguja son altos y que avanza sin poder detenerse, debatiéndose en una altitud, que no es más que un estado en el que necesita colocarse para poder llegar a algún lugar.
ya llega.
ya está aquí.

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