6.9.14

persona

yo 
recorro aún los bordes deslucidos de esta desidia que me ha acompañado siempre y me obligo, de nuevo, a caminar lejos del precipicio de lo que era.
no he comprendido aún el magnetismo que me arrastra irremediablemente hasta esa nada.
he sido durante demasiado tiempo una mujer deshabitada y ahora me cuesta, como nunca creí, mantenerme presente dentro de mi misma. soy un fantasma. me he pasado la mitad de mi vida evadiéndome. evadiéndome de mi propia existencia, de la concepción de las cosas, evadiendo el tiempo, evadiendo lo inacabado, evadiendo cada desastre porque comprendía completamente la culpabilidad. porque focalizaba toda la energía en el error y no en reparar el daño. evadiéndome basándome en una falsa creencia; no puedo, no sé, no soy capaz. he acabado por desdibujarme, por perder el contorno; toda esta ausencia ha dejado a una persona a medias, un proyecto de, cimientos mal colocados donde me era imposible construir nada.
siempre conformándome con un punto medio en vez de perseguir la realización.
no me reconozco, me veo obligada a observar como me malinterpreto a mí misma y doy todas las señales equivocadas. debo aprender de nuevo a hablar con propiedad, acostumbrarme a la firmeza y liberarme de este deje desgarbado.
debo conseguir que la carne y la tela me representen, que cada mirada y cada gesto lleven consigo la impronta particular de mi individualidad. he de desterrar los límites y las zonas y entrar en el terreno maleable de mí misma. romperlo todo, acabar de una vez por todas. el portazo sin eco.
me he recetado algo de acción y movimiento y he dejado, para siempre, aquello de la autocompasión y la estática languidez. demasiados efectos secundarios.
quiero dejar de tropezarme conmigo misma, dejar de dar la impresión errónea.
dejar de hablar en condicional y de proyectarlo todo hacia afuera.
estar presente.
vivir.

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