6.9.14

rendición

yo 

contra todo pronóstico decido creer de nuevo en la casualidad. me vendo los ojos, enmascaro y entierro mis deseos con inconsciencia y secretamente decido rezar a tus dioses para que, por una vez, se haga el milagro. todo sucede de un solo movimiento, impulsado por mi, cada vez más sorprendente, falta de juicio. me lanzo, sin más. cada vez tengo menos que perder, simplemente ambiciono atesorar minutos y minutos tras los cuales no importaría morir. minutos de limbo, minutos de creencia absoluta, de fe, de humanidad y complacencia, minutos de irrealidad en los que uno no se ve a sí mismo ni ve a los demás. que se imprimen con una fuerza inusual y no queda voluntad para imponer el olvido.

me veo sorprendida por una ternura sin precedentes. cierro los ojos. caigo en picado. no duele. me arrullo, me abandono. me rindo. pero todo tiene un precio. todos, tarde o temprano, tenemos que pagar. intento no estar presente durante el contacto, durante el roce vulgar, cuando la realidad se sobreviene brutal dispuesta a arrollar mi pequeño paraíso. miro por los preciosos ventanales del comedor mientras me muevo a horcajadas encima de él. al fondo, como una preciosa promesa, como un brillante sueño que te recuerda a tus cuentos infantiles y tus ilusiones de niña con huecos en la boca, se ve el castillo iluminado con una luz amarilla, propia de cualquier película Disney. la noche abraza las calles y las dota de un sentido especial que no tenían cuando estaban iluminadas. empiezo a notar que algo se muere un poquito y te digo 'vale ya'. he alcanzado mi límite y toca retroceder ante la carretera cortada. y vuelvo a sentarme en el mullido sofá, hundiéndome un tanto con él. y entonces pienso, desde esta profundidad, pienso 'no, no he venido aquí por esto, no he venido aquí por el juego, el deseo y la risa; estos ya no me complacerán nunca más como una vez lo hicieron. he venido aquí porque una parte pequeña y dulce de mí necesitaba sentir el calor, necesitaba rendirse a otra piel, necesitaba una prueba de que sí, de que quizás, un recordatorio explícito y minúsculo de aquel "puede que dentro de poco...", la luz verde de Gatsby, un ápice de misericordia'

después las pecas de tus orejas y tú que miras y devoras con la mirada, sin prestar atención a la ternura o la intimidad. no importa, arrasa estos labios y suplica a estos grandes ojos míos, que yo acariciaré la piel y alimentaré el espejismo del plural y daré dimensión a esta plana realidad. haz lo que necesites hacer, yo hago lo mismo. al fin y al cabo ¿no se basa en eso esta extraña relación? ¿en dos personas necesitadas de otras cosas que cogen lo que necesitan del otro para no desesperar? hace tiempo que abandoné la idea de un común, la idea de un espacio donde sí existíamos tú y yo como personas.

hace tiempo que conozco toda la verdad y que la realidad se ha presentado abriéndome en canal.
pero no duele.
al fin y al cabo, la vida siempre acaba por rompernos el corazón.

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