10.3.15

hambre

yo 
las madrugadas estériles están a punto de costarme la vida. estoy perdiendo la capacidad, ya no creo que existan razones por las que desangrarse, por las que entregar ni un segundo de más. y ella me dice; no lo pienses, hazlo. todo mi interior es un diluvio y el corazón se me ahoga. te veo desde los ojos de otra y algo me muere muy en el fondo, en la niña que existe en algún punto de mí. no como, pero dejaré comer. el tiempo existe y es implacable. no tengo refugio y no tengo muralla, ahora entiendo que es que la carne grite dentro de una piel virgen y que no halle una imagen, ni halle el espacio voluptuoso de la sensualidad. no existen lugares en los que desgarrar la garganta hasta que no quede rabia, no existen brazos en los que matarse. pierdo el sentido porque el movimiento me produce un vértigo cerrado, de curva en noche espesa. la conciencia externa se limita. hazlo, hazlo, no pienses. que el presente exista únicamente. y no pienso y no dejo espacio para que ningún veneno se propague. que haré con toda esta juventud malgastada en una carrera suicida que no lleva a ninguna parte. existen quilómetros que me separan de mis deseos, y estos son profundos, sinuosos, navajas bajo la garganta. es el deseo de destrucción. de sangrar. porque soy incapaz de ver la vida con un orden, porque ahora necesito decir que sí y ser parte del siniestro, ser parte de la cuneta y la oscuridad, vivir en la atemporalidad que nos producen los breves accesos de libertad, donde los verdaderos monstruos aparecen y se puede ver a través de la brillante divinidad, donde lo grotesco tiene plasticidad y lo celestial textura. el dramatismo de mi adolescencia me resultaba poético, una cruzada, un propósito. ahora solo busco un mordisco amargo, una rotura sangrienta, un amor lacerante.
la colisión desastrosa que me haga mirar hacia el sitio adecuado.
la quemadura que deje marca, el olor que deje un refugio que consumir.
la mirada que sea vida y, sobretodo, muerte.

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