26.8.16

yo 
los callejones sin salida dejan tan solo el regusto feroz de lo equivocado, de quien necesita aún recorrer el espacio vacío, por si acaso la pared que interrumpe la corriente fuera a ser tan solo una treta y existiera la otra posibilidad desconocida al otro lado de lo que parece finalizado. la transición es una molesta marea que sacude el estómago a medida que se termina. por mucho que uno se esfuerce en asimilar de una vez, no encuentra más que una innecesaria y dolorosa lentitud que destruye poco a poco los nervios. la persona que soy no volverá a ser jamás. una vez uno se marcha, ya no vuelve. el vértigo se diluye difusamente, introduciéndose en la sangre. el tiempo no es una medida. uno puede volver, pero nunca lo hará al mismo sitio. por tanto uno nunca vuelva. siento como se acaban las carreteras que, de madrugada, he ido recorriendo observando atentamente, con dulzura, la oscuridad que en los bordes, se extendía por el mundo. ahora ya no vale la pena que me detenga más a observar lo que queda a mi espalda. todo está acabado, ahora he de existir en otra parte.
ahora he de atravesar la pared de lo que parece finalizado y cre(er)ar una posibilidad que desconozco a toda costa.

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